Published On: mar, Jun 18th, 2019

Matrimonio homosexual en Chile: ¿por la razón, la fuerza…o la ignorancia?

A los pobres argumentos de los partidarios del matrimonio homosexual, se une cierta inhibición de quienes están en contra. Los políticos siguen con posiciones divididas, dando preeminencia a los votos, más que al tema en sí. Por cierto, un debate con mucho de hipocresía y bastante de ignorancia. En este reportaje, intentamos despejar el manto de dudas que se cierne sobre la sociedad al respecto.

Por: JORGE ABASOLO

LA noticia todavía vende, y por cierto, merece portadas en los diarios. Más aún cuando a finales del mes de julio pasado, un profesor de Derecho de la Universidad de Chile equiparó la homosexualidad a una enfermedad.

¿Por qué un hombre –supuestamente culto- cometió tan garrafal error?
Creo que el hecho no hace sino traslucir la ignorancia que anida al respecto, por cuanto si un Doctor en Derecho cae en este gazapo, qué podemos esperar del resto de los ciudadanos, supuestamente no con tantos estudios?

A las pocas horas de sus desafortunadas declaraciones, el profesor Carlos Salinas salía a ofrecer disculpas.

PORMENORIZANDO…
Todo comenzó cuando Carlos Salinas, profesor de Derecho Canónico de la Universidad de Chile explicó que una de las causales de nulidad canónica era la impotencia. Entonces, Francisca (alumna del curso) pidió la palabra para preguntar: “¿Qué se entiende por impotencia en la mujer?”
La respuesta fue clara: “Por ejemplo, el vaginismo” (contracciones involuntarias causadas por situaciones sexuales traumáticas). Ella retrucó que esa condición tenía tratamiento psiquiátrico.
En ese instante el docente (también doctor en Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, España y de la Universidad Santo Tomás, de Italia) optó por ejemplificar con otra causal: la homosexualidad, la que calificó como una enfermedad.

La polémica cundió como reguero de pólvora y el debate quedó instalado.

El profesor Salinas había dado buenas razones para que el mundo partidario del matrimonio homosexual le respondiera por cuanto medio podía.

DIMENSIONES DEL FENOMENO EN NUESTRO PAIS
Un miércoles del pasado mes de julio, en una concurrida discotheque de Avenida Vicuña Mackenna, en la ciudad de Santiago se celebraba el “Día Gay”. El propietario del local admitió a este periodista que se trata de un negocio redondo, por lo que ha resuelto conmemorar la fecha mensualmente. Eso sí, lamenta este comerciante que la última redada de la División de Delitos Sexuales ahuyentara a la clientela.

-“Es que a veces, a los colipatos se les pasa la mano con el copete y empiezan los dramas. Ahora, cuando hay celos entre ellos, la cosa se pone muy espesa, muy brígida”, nos confidencia J.A.M. propietario del local, a quien prometimos respetar su identidad y dejarla en el anonimato.
El día de la redada se llevaron detenidas a cerca de 300 personas por estar participando en el Tercer Concurso Miss Universo Gay. Diez travestis se disputaban el título. Los pocos adolescentes detenidos fueron devueltos a sus padres por Investigaciones. El resto salió libre bajo fianza.
El propietario de la discotheque permaneció diez días en la Penitenciaría.

Se le acusó de ofender la moral pública, corrupción de menores e infracción a la Ley de Alcoholes.
Acto seguido vino lo insólito: ¡cuatro jueces se declararon incompetentes!

¿Temor, incuria, negligencia en grado superlativo…o una manera de contemporizar con los homosexuales?

¿Ofendo a la jurisprudencia chilena si aseguro que ya tenemos en Santiago de Chile discotheques que jueces homosexuales y juezas lesbianas han hecho sus favoritas?

Parece que el “caballo progresista” de algunos simplemente se desbocó…

¿JUSTIFICACION POR MEDIO DE LA LEY?
Es tanta la hipocresía –la llamaremos eufemísticamente, ignorancia- en el tema, que hasta algunos abogados se han prestado para urdir una feble batería argumental en pro del matrimonio homosexual.

Ya no es misterio que estos vientos en pro de la homosexualidad provienen de Europa y de algunos partidos políticos y movimientos que lo preconizan desde la década del 70. No siempre lo del primer mundo es digno de ser imitado. Es cosa de recordar que en Holanda existe en la actualidad un partido político que promueve la legalización de ciertas formas de pedofilia y, desde luego, recurren al mismo argumento de los homosexuales: ¿no tenemos acaso, como sociedad, la madurez suficiente para plantearnos esa pregunta?

Juzgue usted, amigo lector…
Luego de un debate de años, en Chile ya se ha aprobado el Acuerdo de Unión Civil (AUC). El riesgo había que correrlo, porque hay demasiados testimonios de padres que desheredaban a sus hijos cuando éstos manifestaban abiertamente su inclinación homosexual. Adicionalmente, era menester regular los derechos patrimoniales y las obligaciones mutuas que derivan de la vida en común. Al fin se ha logrado reparar esa injusticia.

Sin embargo, no se puede negar que la regulación de una unión civil para parejas homosexuales conlleva posteriormente al esfuerzo del mundo gay por la legalización del matrimonio homosexual. Es lo que sucedió recientemente en España.

El profesor de Derecho, Mauricio Tapia ha declarado que dicha regulación no es necesaria si se quieren solucionar algunas injusticias notorias generadas por la convivencia, ya que para ello bastan el derecho civil común y, en subsidio, la jurisprudencia.

Craso error de este abogado, quien ha declarado públicamente que no se tome en cuenta el caso de España, ya que cada país se daría una legislación conforme a sus propias características y hay otros que, teniendo leyes de unión civil, no han aprobado la apertura del matrimonio a los homosexuales.

En su afán desmesurado por defender al mundo gay, el profesor Tapia se equivoca rotundamente. La prevención no nos puede dejar tranquilos. Primero: porque es manifiesto que en el último tiempo la legislación chilena en materia de familia ha seguido paso a paso los derroteros del derecho español. En Chile, no pasa nada distinto respecto de España. Ya lo dijo en su momento el propio presidente del Movilh, Rolando Jiménez, cuando señaló al diario La Segunda (14.julio.2015) que “ya aprobado el Acuerdo de Unión Civil (AUC), ahora vamos a apelar por el derecho al matrimonio igualitario, que no puede llamarse así si es que no incorpora la adopción y tuición”, señaló.
¡Calcado al caso español!

Son varios los países que –una vez aprobada la unión entre parejas del mismo sexo- luego prosiguen la lucha en procura del matrimonio homosexual. Ahí están los casos de Holanda, Bélgica y Canadá, entre otros.

Segundo: en aquellos países que han aprobado leyes de unión civil o de parejas estables no ha disminuido, sino que –a la inversa- se ha intensificado el lobby que presiona por abrir el matrimonio a las parejas homosexuales.

El propio profesor Mauricio Tapia no disimula esa intencionalidad cuando en su libro Código Civil 1855-2005, señala que lo que pretenden los homosexuales no son sólo los derechos civiles derivados de la adquisición de bienes en común, sino, “conseguir una mayor legitimación social” (páginas 117-118). Es obvio pues, que esa legitimación puede comenzar por una regulación de ciertos derechos, pero apunta como meta final a la paridad con el matrimonio.

Por otra parte, la adopción es un vínculo jurídico constituido por sentencia judicial. Es el juez quien, en el caso concreto, establecerá quienes serán los adoptantes, aplicando la ley. En Chile tenemos una cantidad de jueces de probado descriterio y un enjambre de leyes intrincadas, razón que me impele a pedir más precisión y claridad en este sentido.

Pero vamos al tema de fondo: lo que se pretende al incorporar a los convivientes civiles dentro del mismo orden que los casados es permitir que las personas homosexuales puedan adoptar como pareja. Entonces, si el interés superior del niño es realmente el criterio rector, y si la ley es general y abstracta, ¿puede excluirse de la ley el derecho de todo niño a tener un padre y una madre? Esta es la pregunta de fondo.

Si todos los niños tienen siempre el derecho natural- e inalienable a tener un padre y una madre, es lógico y de justicia no restarles ese derecho natural.

“La homosexualidad no es un vicio ni un delito, sino una anomalía genética que invierte la dirección del instinto y que algunos individuos padecen, al margen de su voluntad, ya sea que la acepten o la rechacen”

En consecuencia, el reconocimiento y la promoción del derecho de todo niño a tener un padre y una madre conlleva que los convivientes homosexuales no deben ser incluidos en el orden de prelación ni deben ser postulantes para adoptar menores, dado que su realidad –quiérase o no- niega siempre y por completo ese derecho.

Por otro lado, ¿qué pasaría con la adopción de un chico (a) si fuese adoptado por una pareja homosexual? ¿Qué valores se le suministrarán? Si ese niño, o niña, estaba destinado a ser hombre o mujer, los valores que le inyectarán no harán sino desgarrar la mente del niño (a) en su pre-adolescencia, pues esos valores, costumbres e ideas estarán lejos del estereotipo y/o modelo paternal y maternal, respectivamente. Lo más probable es que ese niño (a) se incline a la homosexualidad, pudiendo haber sido muy diferente su destino.

Si una pareja homosexual adopta un niño, lo más probable es que el muchacho perpetúe la llamada anomalía genética. Aclaro muy bien este término, porque decir que la homosexualidad es una enfermedad, es otro descomunal error.

UN ORIGEN NO ACLARADO
Diversas hipótesis no aclaradas se han sucedido en un intento por explicar las causas de la homosexualidad, sin haberlo logrado del todo. Las teorías psicoanalíticas fueron las primeras que trataron de ofrecer una explicación, apelando a causas psicogenéticas en el ámbito de constructos que aún no han sido probados, como el “Complejo de Edipo” y el “Complejo de Electra” que deberían dar cuenta de la homosexualidad masculina y femenina, respectivamente.

A partir de aquí, se han postulado nuevas teorías psicológicas, la mayoría de las cuales coinciden en asignarle importancia capital a factores ambientales, principalmente al aprendizaje que modela y modula el desarrollo psicológico de la sexualidad en una dirección inapropiada. Lo dije más arriba, pues una pareja homosexual que adopte a un niño(a) es imposible que puede entregarle patrones de conducta de hombre y mujer.. Eso provocará en el educando una confusión valórica de invaluables consecuencias, al trasegar lo que es masculino y lo que es femenino.

PAIS LEGULEYO
Si usted ha seguido el debate en los últimos meses –o un año- en torno al tema, comprobará que somos un país eminentemente legalista. Ello queda refrendado, pues comprobaremos que la argumentación esgrimida por los partidarios del matrimonio homosexual ha sido de ribetes netamente jurídicos, lo que parcela la polémica o -al menos- la transforma en unilateral.

Enfrentar el tema del matrimonio entre iguales de ese modo impide entender las intrincadas repercusiones que su aprobación tendría para la educación de la normalidad sexual, y la atinada comprensión del más profundo sentido del propio matrimonio que –en cualquiera de sus formas civiles o religiosas- constituye la culminación natural del amor de pareja y de su común anhelo de formar un hogar para los futuros hijos.

Dejo meridianamente claro que no se trata de una descalificación prejuiciada de la homosexualidad, que no es un vicio ni un delito, sino una desconcertante anomalía genética que invierte la dirección del instinto y que algunos individuos padecen, al margen de su voluntad, ya sea que la acepten o la rechacen.

Finalmente, permítanme decir que el debate en cuestión, acerca de si aceptamos o no el matrimonio homosexual- es un debate precipitado y con fórceps. Dicho de un modo algo chusco: queremos entender el Tomo 14 de una Enciclopedia, cuando no hemos terminado el segundo. En otras palabras, como el debate es muy complejo, debemos apostar por el mayor conocimiento posible. La tarea es contar con mayores argumentos, más elementos de juicio para acezar una discusión que debe estar cuajada de buenos argumentos en uno y otro sentido.

En este reportaje, a mi manera y con respeto benedictino, he tratado de aportar los míos.