Published On: lun, Jun 17th, 2019

CIERRE DE CINES XXX


ESCRIBE: André Jouffé

La medida de cerrar los últimos vestigios del cine porno, Nilo y Mayo, que en el pasado fueron proyectores de grandes películas y competían con un sector menos popular que sus pares, City y York en Ahumada y Agustinas, marca un hito en la historia erótica de la capital.

Nilo y Mayo estaban cerca del cine Toesca, dedicado en sus últimos años a exhibir poco a poco películas más atrevidas.

El alcalde Felipe Alessandri seguramente no objeta lo que se ve en la pantalla, sino lo oculto por la oscuridad de las salas cuando desaparecen las luces.

Tema archiconocido, que las salas constituían centros de encuentros de tercer tipo. Los intermedios eran motivo para que los asistentes buscaran su pareja y durante la función, procedieran a lo que realmente acudieron a la sala.

Antes, en otra forma, el cine Santiago y en sus comienzos el Toesca, tenía las funciones de los jueves con una asistencia de asesoras del hogar y de pretendientes de las mismas. Una vez finalizado el flechazo, uno se iba acomodar al lado del otro escogido. Más bien la elegida. Las cosas no llegaban más allá de un atraque, salvo un interés de la contraparte de continuar en un hotel.

En estos últimos treinta años, en la oscuridad apenas se escuchaban las voces de los protagonistas de la película, todo era jadeos y suspiros. El público usaba las salas, como hoteles parejeros y los onanistas un paraíso donde nadie interrumpía su quehacer manual.
Yo mismo asistí en una oportunidad para dar crédito a un fenómeno de todas las partes del mundo. Conocía a un funcionario diplomático muy católico cuyas desapariciones al medio día en la Embajada de un país europeo, a la hora de la colación, eran sintomáticas hasta que de regreso en Chile, lo vimos salir del teatro San Antonio, en la calle del mismo nombre, también a la hora de almuerzo. Su esposa le preparaba una colación con esmero, sin saber dónde la iba a consumir.
Otro show se daba en los baños donde el sexo se practicaba a toda luz y vista y paciencia de los inexistentes acomodadores.

Todos sabían la razón por la cual encaminarse a estos cines que a partir de ahora dejaran a los más pobres sin lugar donde mantener relaciones.

El precio de dos películas por el valor de uno les permitía tres a cuatro horas de solaz.
Nunca se supo de casos de violación o denuncias, porque el público era cautivo y consciente.
¿Qué pretende el señor Alcalde?

Quizás en el intertanto de lo sexual se pasó al tráfico y consumo de drogas, a la compra y venta de pasta base, marihuana y mala cocaína, porque la buena, señalan los aspiradores finos, esta cara y no en los cines.

Si en todo el mundo desarrollado existen cines triple X, , ignoro por qué esta arremetida tan moralista de Alessandri, a menos que, efectivamente las salas fuesen un antro de traficantes. Entonces me sumo, si es por cuestiones morales, me resto.

Post Data: Para ver películas que jamás llegarían a Chile como “Los últimos días de Sodoma y Gomorra” de Pier Paolo Pasolini, había que viajar a Montevideo. El cine Hindú, de la calle Bartolomé Mitre en pleno centro de la capital uruguaya fue famoso a nivel continental por sus proyecciones de films censurados en todo el entorno. Pero en busca de cintas como la mencionada, me dijeron que acudiera a este cine precisamente. Muy incómodo porque apenas oscura la sala, de inmediato alguien al lado con insinuaciones o poniéndote la mano en la rodilla. A los 18 años, como se dice en buen chileno, arranqué apretando cueva.