Published On: lun, Jun 10th, 2019

Charlando en la Universidad Andrés Bello

Por JORGE ABASOLO

EN DIAS PASADOS recibí una invitación muy especial por parte del Departamento Creativo de la Universidad Andrés Bello, de la ciudad de Santiago.

Se trató de asistir como panelista a un Seminario organizado por esa Casa de Estudios en torno al Humor y la Política. Un honor, por cierto.

Compartí la mesa junto a los humoristas Juan Carlos “Palta“ Meléndez, Arturo Ruiz-Tagle y el ex senador Nelson Ávila. Gratos contertulios, pues a todos los puedo considerar amigos.

Y es que las anécdotas políticas son ecuménicas y de vieja data.

En cierta ocasión le preguntaron a Luis XIV por qué en determinados países la Ley permitía al soberano ocupar el trono a los catorce años, en tanto que se le impedía casarse hasta no haber cumplido los dieciséis.

La respuesta sobrevino al instante:

-Será porque es mucho más difícil gobernar a una mujer que a una nación.

A la hora de auscultar a los presidentes de Chile más prolíficos de nuestro país, sin duda asoma con fuerza la figura de Arturo Alessandri Palma, apodado “El León de Tarapacá”. Polemista de fuste, no en vano lo sindicaban como el orador de las masas, las mesas, las misas y las musas. Es una institución a la hora de hablar de la historia republicana de nuestro querido Chile.


El ex senador Nelson Ávila conversa con el periodista Jorge Abasolo, en un instante de la exposición

Sus anécdotas son ya de antología, aunque en el Seminario aludido aproveché la ocasión para narrar una bastante poco conocida. Ya en edad senil, don Arturo Alessandri Palma era una verdadera leyenda en vida. Se le respetaba y admiraba. Ni sus más recalcitrantes opositores ponían en duda su talento y esa facilidad proverbial para interpretar el deseo de la masa. Su preclaro pensamiento, por muchos años logró señalar rutas y gestar acontecimientos.

Como presidente del Senado, su sola presencia era garantía de debates serios, pues dominaba el hemiciclo como pocos y sabía equilibrar los tiempos para que cada uno hiciera las sugerencias pertinentes.

Corría el año 1949 y El León de Tarapacá presidía el Senado con el brillo tan propio de su personalidad multifacética.

No obstante, en una sesión no faltó el parlamentario que atacó a esta figura señera de la política chilena.
En efecto, el senador radical Humberto Alvarez Suazo –bastante discreto en el plano intelectual- renegó de los logros de su administración y le endilgó gruesos epítetos.

Una vez terminada su perorata, el aire estaba como para cortarlo con cuchillo. Don Arturo se tomó unos segundos, miró a su oponente y exclamó su sentencia:
-¡Cuando el León esta viejo… hasta el burro lo mea!

En la elección presidencial de 1932 volvió a La Moneda. En esa ocasión recibió el apoyo de los partidos de izquierda y del Partido Radical.
En una concentración en la Estación Mapocho, Alessandri llegó de a pie y fue aclamado por una entusiasmada multitud. No obstante, detrás de él un opositor a su candidatura comenzó a seguirlo y gritándole a voz en cuello:

-¡Abajo Alessandri, mierda!

El León de Tarapacá seguía impertérrito su caminata y el osado opositor continuaba con su grito:
-¡Abajo Alessandri, mierda!

Alessandri continuaba imperturbable.

Cuando el agitado antialessandrista gritó por tercera vez: ¡Abajo Alessandri, mierda!, curiosamente le sobrevino un ataque de tos.
Alessandri detuvo su marcha, miró a su opositor y le dijo:
-¿Viste? ¡Te atragantaste con tanta mierda!

En fin, ¿qué más les puedo decir?
Me halaga hasta hoy que el público se divirtiera con las imitaciones del Palta Meléndez y los chistes de Arturo Ruiz-Tagle.
Nelson Ávila es un caso aparte. Se define como un tipo oriundo de cada pueblo y de cada aldea de su querida región de Aconcagua.
Y dice…”mi primer llanto, golpeó el macizo andino y se derramó por el valle. Fue un día de noviembre, cuando coloreaban las primeras guirnaldas.
Y más adelante sigue definiéndose:
-“Nunca he sido el primero en nada. Por lo tanto, soy representativo del ser nacional”.
Cualquier definición acerca de Ávila queda incompleta…
Eso sí, se le echa de menos en el Senado.


Previo al Seminario, de izquierda a derecha: Juan Carlos “Palta” Meléndez, la psicóloga Javiera De la Plaza, Jorge Abasolo, el humorista Arturo Ruiz-Tagle, Nelson Avila y el escritor Juan Oyaneder

Al mencionar a los políticos de un pasado cercano –de la segunda mitad del siglo XX- no se puede excluir a Julio Durán Neumann, radical y orador de marca mayor.

En una época en que el Partido Radical tenía presencia, él era un pope, el líder natural en una colectividad donde había senadores mayores que él. Su impronta no podía pasar inadvertida.

Cuando la Unidad Popular (incluida su colectividad) proclamaba a Allende como su abanderado en 1970, él levantaba su atronadora voz:
-El Partido Radical debe ser como un péndulo y oscilar entre la derecha y la izquierda, así como es el chileno que no gusta de extremos…Si sale el señor Allende, veo cuajarones de sangre.

Sin duda fue un personaje que enriqueció la política chilena.
Muchas veces sacó de apuros a los periodistas. Cuando la política se ponía fome y tediosa, ahí estaba Durán para inyectarla y darle el toque de
entusiasmo necesarios.
Durán siempre tenía noticias. Era de los políticos mejor informados. Y qué decir de los off the record sabrosos y con enjundia. Si se le pedía que opinara de algo, no se andaba por las ramas. Directo y sin afeites, nunca pedía no lo pongan de mi boca o publíquenlo como cosa suya, pues asumía el costo de sus declaraciones.
Era auténtico, lejos del arribismo, y contaba con orgullo que su abuelo, en el sur, detuvo su carreta para que su abuela diera a luz. O que con la ayuda de la Liga de Estudiantes Pobres terminó sus estudios (entidad ya desaparecida que rastreaba a escolares de buenas notas cuyos padres sufrían estrecheces)

LENGUAJE DIRECTO
Corría el año 1970, y nuestra televisión era aún en blanco y negro. El programa político más visto de la pantalla chica era A esta hora se improvisa, que permaneció por cuatro años en el Canal 13, de la Universidad Católica. El conductor era el polifacético Jaime Celedón, actor, productor y publicista. La idea de Celedón era conversar en vivo y en directo –de modo interesante- sobre algún tema de la coyuntura nacional e internacional. El propio conductor eligió a los panelistas estables. Uno de los escogidos fue un ex diputado liberal que más tarde ganaría el Premio Nacional de Literatura y sería Embajador en España, Enrique Campos Menéndez. Se manejaba como en su casa en el campo de la cultura y empleaba tan bien el lenguaje que escucharlo era una delicia. Los demás fueron seleccionados de entre los mejores profesionales de la prensa de la época: Tito Mundt, un incesante cazador de noticias, bohemio empedernido y de un hablar precipitado, cuyas palabras e ideas fluían a raudales. José María Navasal, un erudito en temas internacionales, de actitud aparentemente reposada tras su infaltable pipa. Eugenio Lira Massi, quien falleció en el exilio, en París y que mucha gente recuerda aún por un programa de TV llamado La entrevista impertinente. Julio Martínez, un transatlántico del comentario deportivo, capaz de hablar de cualquier tema y representante idóneo del sentido común; y Fernando Rivas Sánchez, agudo periodista que solía iniciar sus ácidas exposiciones con la frase: “se dice que…”
Esta forma que poseía Rivas Sánchez de emplear un lenguaje elusivo y así evadir toda responsabilidad de lo que iba a decir le costó un bochorno de mayor cuantía.

Fue durante la campaña presidencial de 1970, cuando se invitó a A esta hora se improvisa a Julio Durán. Rivas Sánchez no disimulaba sus simpatías por el candidato socialista Salvador Allende, lo cual parecía incomodar a Durán. En un momento dado Rivas comenzó con el clásico
“se dice que usted es un político desgastado, se dice que usted defiende más a la derecha que a los radicales…”
Fue el momento en que Julio Durán lo interrumpió para decirle:
-Fíjese señor Rivas, que se dice que usted es maricón, pero a mí no me consta. O sea, que con el ‘se dice’ usted no me va a sacar a mí ninguna frase.

Rivas Sánchez quedó demudado y, como es de suponer, durante el resto del programa casi no volvió a abrir la boca.

En este Seminario acerca del Humor y la Política, no pude dejar de pasar revista a las frases que causaron mayor escozor y polémica cuando trabajé en la revista “Topaze”, y que me costaron más de una querella. Acá van algunas:

-A los políticos y a las guaguas hay que cambiarlos a menudo. Y a ambos por las mismas razones.

Bueno…si el caminar fuera saludable, los carteros serían inmortales.
-La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos…hacer un falso diagnóstico y aplicar después los remedios equivocados,

-Si lo pensamos bien, al país nunca le faltó dinero.
El problema es que le sobraron ladrones ene los gobiernos.

-Muchos políticos se dirigen a la gente como hermanos…
Debe ser para que no los traten de hijos de puta.

Y para estar a tono con la época hube de agregar que el llamado
FRENTE AMPIO se parece a un televisor coreano: en menos de un año perdió la imagen. También dije que el Frente Amplio es una carbonada de ideas. Pero…las opiniones son como los culos.
Cada uno tiene el suyo.