JORGE ABASOLO ENTREVISTÓ A LA ESCRITORA MONICA ECHEVERRIA

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“O’Higgins era un resentido”

En su reciente libro, “Crónicas vedadas” (Editorial Catalonia), esta multifacética profesora de Castellano desmenuza fragmentos de nuestra historia, esos que permanecían escondidos bajo un manto de interesados prejuicios

Un acertijo casi convencional señala         que si la historia implica una relación entre el pasado, ¿puede entonces darse una historia objetiva que sea válida en todas las épocas? Partamos aclarando que “objetivo” y “subjetivo” son conceptos relacionados entre sí: el uno implica al otro. En consecuencia, la obra de todo historiador contiene elementos subjetivos y está sujeta a influencias de tiempo y lugar.

En el caso de Mónica Echeverría, logra relieve en su trabajo el rigor litúrgico que impone a éste.  Es claro, sus opiniones son subjetivas, pero tiene un eximente a su favor: el noble respeto por los hechos como sucedieron…y no como se comentaron o interpretaron.

He ahí la diferencia de esta profesora de Castellano, pero que se ha ganado la condición de historiadora merced a un trabajo exhaustivo, el que es respetado aún por quienes no piensan como ella.

Inquieta por antonomasia, su entrega a la docencia no le impidió desarrollar su vocación teatral. Ello explica que haya sido fundadora del ICTUS, donde participó como  actriz y autora en diferentes obras.

Esta vez ha publicado “Crónicas Vedadas” (Editorial Catalonia, donde escarmena con paciencia benedictina ciertos episodios de la Historia de Chile que teníamos como inamovibles…imposibles de reinterpretar.

-La historia oficial de Chile señala que jamás en nuestro país se juzgó a nadie por parte de la Inquisición. Pero yo tengo entendido que hubo y tres casos en Chile, que se destinaron a Perú…

-La Inquisición en Chile fue bastante importante y tuvo mucha influencia.

Actuó muchas veces y no para bien, precisamente. A veces juzgaba cosas que hoy día no serían ni siquiera una falta, menos un delito. Creo que la Inquisición actuó en Chile con mucha crueldad; y los que eran juzgados eran enviados a Lima, pues allí la Inquisición tenía su “oficina central”, por decirlo así. Y allá se decidía la suerte de los acusados. Los castigos eran varios e incluía.

-Su libro “Crónicas Vedadas” es original y desmitifica y deshuesa la historia oficial. Una de las cosas que me llamó la atención de su texto es ese acápite en que asegura que los indios practicaban la idolatría y los pecados del incesto, estupro y sodomía. ¿Era muy básica la moral de ellos?

-Sí, era muy básica. Pero podemos señalar que era la moral que regía por la época. Era –incluso- la moral católica; y anglicana, hasta cierto punto.

-En este aspecto, ¿por qué cree usted que el mapuche o araucano habría de ser así, distinto al picunche  o huilliche?

-Creo que la de los araucanos fue una civilización bastante más abierta y menos rígida…y hasta con menos tabúes que otras.

-Con menos tabúes, aunque con desenfreno…

-También. Hay un caso muy decidor y que lo aborda detalladamente el historiador Armando de Ramón. Dice relación con que las mujeres españolas son raptadas por los indígenas; y que muchos después –cuando ellos logran avasallar- son devueltas       …y que se declaran muy felices y admiten que lo habían pasado muy agradablemente en las comunidades araucanos.

-Reitero que su libro desmitifica y apunta al fondo de los hechos. Por ejemplo, en la época de la Independencia de Chile está borrada la imagen de un personaje deleznable y siniestro, llamado Bernardo de Monteagudo.

-En parte, porque Monteagudo ayudó a la liberación. Eso no quita que en Chile dejara una mala atmósfera…y fue bastante nefasto.

 Había en él bastante más malicia, más astucia que los demás. Y como era un hombre culto, siempre le preguntaban a él cómo emplear prácticas reñidas con la moral, sin que se supiera.

Monteagudo a ratos utilizó métodos bastante sanguinarios.

-¿Habría sido Monteagudo quien llevó a cabo el trabajo sucio de Bernardo O’Higgins? ¿Era el hombre que actuaba bajo las sombras?

-Sin duda. Monteagudo hizo por lo menos una decena de trabajos muy sucios a O’Higgins.

-¿Cree que la Logia Lautarina blindó la imagen de este personaje abyecto?

-Creo que sí. Lo blindó, porque era masón. Hasta en la época de mis padres y abuelos se decía que no había candidato que pudiera llegar a la Presidencia de la República si no era masón.

La Logia Lautarina fue la auspiciadora de la Independencia de parte de América. Pero…¡pobre del que no perteneciera a la Logia! Había un castigo o simplemente se le marginaba.

El poder político e invisible de la Logia Lautaro fue inmenso y su influencia perduró hasta el año de 1820, cuando la Expedición

Libertadora zarpó hacia el Perú. En su seno se gestó el aniquilamiento de los hermanos Carrera, Luis y Juan José, y de Manuel Rodríguez.

Como se sabe, ninguno de ellos perteneció a la Logia y fueron considerados obstructores y enemigos del proyecto político de la Logia Lautarina. Estos confiaban  plenamente en la conducción del país por parte de Bernardo O’Higgins.

-Se sabe que O’Higgins tenía virtudes, pero se ha hablado poco de su lado oscuro, de su avaricia y ambición de poder.

-Así es. Creo que O’Higgins ha sido glorioso para la historia de Chile. Pero se han omitido muchos de sus defectos. Cuando no quería a alguien, o cuando le salía un adversario…ahí era implacable.

Por sus orígenes O’Higgins tenía muchos resentimientos.

Eso podría explicar la persecución a los Carrera, que fue de una crueldad inusitada…inmisericorde.

-¿Qué papel cree usted que jugó O’Higgins y Bernardo de Monteagudo en la muerte de Manuel Rodríguez?

-Creo que ambos se coludieron y estuvieron de acuerdo. Los dos actuaron con mucho sigilo, con mucha astucia. Ellos fueron los cerebros, los autores intelectuales del asesinato de Rodríguez.

-En su libro usted pone hasta los nombres de los asesinos de Manuel Rodríguez, cosa que muchos (yo, entre ellos) no sabíamos. Eso no se enseña en la historia secundaria ni universitaria

-¡Es que decidieron borrar ese episodio de nuestra historia! Es cosa de pensar cuanto tiempo se demoraron en encontrar el cadáver.

Fíjese que el historiador Aurelio Díaz Meza, señala que Bernardo de  Monteagudo declaró ante O’Higgins lo siguiente: “Mejor será olvidar, señor director, porque si no fuera así mucha gente se verá comprometida”.

Sin embargo, O’Higgins, que era reconocido por sus resentimientos, extendió su odio contra Manuel Rodríguez hacia toda su familia.  Le diré que Carlos Rodríguez, padre de Manuel, y sus dos hijos, Carlos y Ambrosio, fueron deportados y tuvieron que salir al exilio rumbo a Argentina, por decreto del Director Supremo…¡el señor Bernardo O’Higgins!

-Tengo entendido que dos próceres de la Independencia culpan a O’Higgins por este asesinato. Me refiero a Infante y Camilo Henríquez.

-Exactamente. José Miguel Infante era un gran patriota, pero no pudo permanecer callado ante un crimen tan horroroso. En el diario de su propiedad, “El Valdiviano Federal”, del 28 de mayo de 1818, denuncia con grandes titulares: “Existen evidencias que el coronel Manuel Rodríguez fue asesinado”.   Y claro…también el periódico “El Araucano”, que dirigía Camilo Henríquez mantuvi la misma tesis.

Ya nadie creía en la verdad oficial.

Tanto así, que ante el revuelo que causó la revelación de los hechos entre los ciudadanos, el gobierno se vio obligado a admitir que el capitán Antonio Navarro y dos personajes más estaban detenidos y enjuiciándose por el papel que habrían jugado en la muerte de Manuel Rodríguez.