Published On: Lun, oct 2nd, 2017

Comentario del libro “Bajo la influencia de la poesía”

Vasti Michel

COMENTARIO DE JORGE ABASOLO.

El consagrado y polifacético poeta Erick Pohlhammer aborda con desenfado pertinente los más diversos temas desde su óptica poética, y lo hace de la mano de ese pivote inasible llamado talento.

No hay poeta grande sin emoción. Y aquí estamos en presencia de uno grande. Podrá darnos el artista la visión de la Naturaleza, o la expresión de la muerte, o el sentido de lo finito, o las esperanzas o las desesperanzas del amor, pero si en sus versos no pone SU espíritu y nos hace sentir, y nos hace amar, por perfecto y sereno o maravilloso que sea en la forma, no habrá logrado gran cosa.

Allí estriba una de las diferencias de la poesía de Erick Pohlhammer. No solo maneja magistralmente el lenguaje. Sabe perfectamente que primero hay que sentir para luego colocar la palabra adecuada, el sustantivo justo y el calificativo preciso. Y como Huidobro, su pluma lleva a la realidad aquello de que cuando el calificativo no da vida, mata.

Este profesor en eterno estado de vigilia se puede insertar en la poesía vanguardista, esa poesía moderna que prioriza el distanciamiento por sobre todas las cosas.

Es probable que Pohlhammer abuse del vanguardismo. Esto puede ser un defecto, aunque puede obedecer a un visionario que desea romper con los moldes excesivamente trabajados.

En su cosmovisión poética hay lugar para los temas más diversos.

Y cuando le canta a la irreverencia de la realidad, lo hace de manera directa, sin afeites:

-“…ensaya y no serás nunca payaso de yeso, El miedo al ridículo es el más ridículo de los miedos. El miedo al ridículo paraliza. Cuando de tu cuerpo carnal no quede sino el esqueleto secándose en  la indiferencia del polvo no quiero que desde los mundos astrales te remuerda la emoción de no haber ensayado. Es más fácil ensayar acá que allá, aunque nunca será tarde para que sea temprano. Hagas lo que haga el amor irá contigo: todos los que te tildan de loco están locos. Locos de miedo o envidia. No ensayan…se conforman con el cloroformo de las formas rutinarias; se resisten a dar cuerda a su locura dichosa de vivir, a la locura en buena, ya que hay una locura en mala, como proferir la soberbia…”

Aquí Pohlhammer deja en claro que muchas veces el poeta debe sacudir con su pluma el estado de letargia en que frecuentemente bracea nuestra sociedad.

En su hondonada poética hay lugar también para la asfixiante indiferencia que acompaña al amor extinguido, pero al que le quedan  jirones de rabia.

Su poesía es abarcativa y no deja tema sin omitir.

Fustiga y condena en “Noticiero sin miel”; pone la reversa en nuestra mente con su poema “Remembranza Estudiantil”; exuda ternura en “El chico Late”; postula una reconvención salutífera en “El Chile estadístico”, y en su “Y pensar que un día” se convierte en un cántico a la esperanza. Sí, la esperanza…que no es otra cosa que el sueño del hombre despierto.

Sabemos que la poesía es expresión genuina del sentimiento humano, de indefinible encanto y que halaga y hasta suspende el ánimo, infundiendo suave y puro deleite.

La poesía de Pohlhammer es tan limpia como el agua. Apela al artificio tan sólo para sacudirse del estilo hiperventilado y rimbombante.  Es directa, sin remolinos. Y tal vez haya que releerla para percatarse de ello. Pero acaso lo más importante, es que le canta también a la miseria humana, a la parte no excelsa ni bella de la existencia.

Es parte de la donosura de  la poesía de Erick Pohlhammer, que me induce a recordar las palabras de J.A. Froude: -“The poet is the truest historian” (el poeta es el historiador más verídico)