Published On: Mar, ago 8th, 2017

COLUMNISTAS: LANATA

Abasolo

Por Jorge Abasolo

Es el periodista número uno de la Argentina y todo lo que escribe lo convierte en interesante: desde un Retiro Espiritual de los monjes benedictinos hasta el relato de un partido de  taca-taca.

Es inefable, irreverente al borde la insolencia, punzante, a ratos cáustico, imprevisible y con más anécdotas que Quintín el Aventurero.

Lanata nos sorprende otra vez con un libro que (al momento de escribir esta columna) ya ha agotado su primera edición en Chile.

Los conmino a leerlo. Se van a entretener tanto como en un día de pago.

Se trata de “Lanata. Cuarenta años de periodismo y algo personal” (Penguin Random House Grupo Editorial, 426 páginas)

Cuando pienso en Lanata se me viene a la mente Enrique Pinti. Ambos son de lenguaje desenfadado, irreverentes y de una brillantez que ilumina a los seres comunes y corrientes.

La primera vez que le entrevisté le hice una pregunta muy directa:

-Sus detractores sostienen que en sus entrevistas hay una dosis muy alta de irreverencia. ¿Cree que a veces es poco educado con sus entrevistas?

Quería dejarlo perplejo con mi pregunta, pero fue su respuesta la que me dejó perplejo a mí:

-“Al contrario, creo que muchas veces debería mandar a los entrevistados a la mierda y no lo hago A veces soy demasiado cortés Yo entrevisto a muchos hijos de puta. Si lo pongo en términos profesionales, sé hacer una nota reverente, pero elijo hacer estas notas…”.

LANATA

Así es Lanata. Con un ego de gran calado, aunque camuflado bajo el manto de una inteligencia proverbial, en sus viajes retrata a los países con la misma lucidez con que devela a quienes lo habitan. En este libro hay mucho de eso…

En el primer capítulo de “Lanata…” nos sorprende haciendo una revelación de esas de marca mayor. Admite que recién a sus 56 años se dio cuenta que es hijo adoptivo, lo que le dejó tan descolocado como un gitano en los baños turcos. Le tambaleó el piso, muchas veces ha tenido que revisar rigurosamente todo su pasado y replantearse donde está y para qué.

Pero salió a flote más rápido  de la cuenta porque su vocación  de periodista lo hace ser un tipo apasionado, de ritmo trepidante en su trabajo, donde pone cuerpo y alma. Y como cuerpo le sobra (pesa más de cien kilos) y es de alma noble, se percibe que desde arriba Dios le echó una manito para que no se arredre y siga adelante,

Como periodista cazurro, le quedan pocos escrúpulos y casi ningún prejuicio. Ha vivido intensamente y no lo esconde.

El libro tiene capítulos, notas de viaje y visiones personales del periodismo argentino. Su columna dedicada al jazzista Charlie Parker es simplemente formidable. La forma en que abordó a Julio Cortázar es graciosa y su reportaje al tabaco es tan interesante que uno lo vuelve a leer.

Hay quienes le temen, pero debo reconocer que conmigo ha sido siempre cordial. ¿Le caeré bien?

Tiene claro que el buen periodista debe tener un ego encumbrado, algo de psicólogo, un poco de filósofo y un olfato (o instinto) que no lo entrega ninguna escuela o Universidad.

Y también tiene claro que el periodismo es fugaz, que el episodio estridente de hoy será eclipsado por el que ocurrirá mañana.

Es decir, pareciera que lleva bajo el brazo el apotegma de Walter Lippmann cuando decía: “Muchacho, no olvides que tus exclusivas de hoy servirán para envolver el pescado de mañana”.

Sí, se los recomiendo: hay que leer a Lanata…