Published On: Sab, jun 24th, 2017

COLUMNISTAS: CHILE… y su anemia moral

cantero

Escribe: Carlos Cantero

Geógrafo, Doctor en Sociología y ex senador

 

A la nula autocrítica de la política y los políticos, asumo desde mi posición ciudadana un proceso de reflexión crítica de temas que por años traté de hacer valer en mi vida partidista y parlamentaria, aunque sin el apoyo que esperaba.

Tanto así que terminé renunciando a mi militancia, confrontado con mi propio sector, empujado por la intolerancia y animosidad de aquellos a los que les desagrada el pensamiento crítico al interior de sus filas.

Hoy muchos políticos -de distintas tendencias- aparecen vinculados a la corrupción y desfilan en procesión por los tribunales, mientras otros ya cumplen sentencias.

¿Qué es ethos?

Según el Diccionario de la R.A.E. es el “conjunto de rasgos y modos de comportamiento que conforman el carácter de una persona o comunidad”. Para Aristóteles, ethos constituye un hábito derivado de la costumbre o conducta que va forjando la persona a lo largo de su existencia, constituyendo un modo de ser, en la que se construye la identidad. En sociología, su significado es “guarida o lugar donde habitan los animales, o la morada donde habitan las personas”. En plano intelectual, es el ámbito desde donde se conforma una unidad teórica, el punto de partida de las ideas que conforman determinada escuela de pensamiento. El ethos, para este autor, desde un enfoque ecosistémico-relacional, es el espacio-tiempo que involucra procesos relacionales, que definen comportamientos, costumbres o rasgos de la conducta humana. Allí radica la importancia de analizar el punto. Ethos es la raíz etimológica de ética, que es el estudio de la actividad o conducta humana en relación con los valores. El canon (vara de medir) griego entiende la relación del ethos, con la ética, estética y la emocionalidad (o pathos). En consecuencia, cualquier cambio en el ethos implicará cambios en los otros elementos del canon.

Por lo tanto, si en Chile ha cambiado el ethos, evidentemente han cambiado los otros elementos mencionados en el canon referido. Estos cambios alcanzan a las personas, instituciones y la institucionalidad, poniendo en crisis múltiples dimensiones del quehacer social, particularmente dos importantes aspectos del canon, como son la ética, que ha sido barrida por la corrupción que se generaliza; y la emocionalidad (pathos) que mantiene a todo un país viviendo la (patética) emoción de la desconfianza. 2 La axiología (filosofía) estudia los valores, consustanciales con el ethos. Los valores son convicciones profundas de los seres humanos que determinan su manera de ser y orientan su conducta y sus decisiones Por ejemplo: honestidad, respeto, tolerancia, solidaridad, paz, amistad, sinceridad, amor, etc. que tienen matices según el tiempo-espacio. Ciertamente en nuestro país las últimas décadas nos presentan una realidad muy inestable, basta mirar como la corrupción, falta de transparencia y el desacople con la probidad y el mérito se apoderan transversalmente de múltiples instituciones en la sociedad chilena, casi sin excepciones, en todos los niveles y ámbitos. Los chilenos vivimos un período de crisis de amplio espectro, vinculada a diversas dimensiones: política, valórica, social, democrática, cultural, institucional, de credibilidad, de confianza, ideológica, ciudadana, republicana.

Hay quienes enfatizan la ausencia de ideas, otros piden un adecuado diagnóstico, otros esperan propuestas pertinentes, los más esperan un liderazgos enérgico y severo. Algunos hablan de un caos y otros de anarquía. Otros ponen el foco en el perfilamiento político: más a la izquierda, al centro, o más a la derecha, sin percatarse que la política para la inmensa mayoría de los ciudadanos perdió sus referencias: izquierdas, centros y derechas, se extraviaron en el camino reciente y representan el mismo grado de descomposición, sin excepciones. En la sociedad chilena se observan evidentes cambios del ethos, que alcanzan sistémicamente a todos sus elementos constitutivos, públicos y privados, que cruza todo el amplio espectro nacional.

El estado de descomposición valórica en que se encuentra gran parte de la sociedad chilena nos pone frente a un amplio proceso de contagio viral de antivalores en todas las estructuras de la sociedad, es el triunfo del (perverso) neoliberalismo, el dominio del materialismo y su desbordante comparsa de nihilismo, que es el vuelco hacia el placer sensorial; y el hedonismo, que es la negación de toda creencia o principio moral, religioso o social. Como agravante en la sociedad chilena la acepción axiológica de “valores” han cambiado al concepto “precio”. Ambas acepciones se usan como aberrante sinónimo, sin caer en la cuenta que ambos conceptos son de muy distinta dimensión. El cambio de sociedad es evidente: se va la sociedad industrial y emerge la sociedad digital. Aún quedan enclaves resistiendo la deriva de la sociedad que agoniza, una de ellas es la política, que tiene cautivo al Estado, con prebendas que han surgido desde el espacio público, remuneraciones o dietas muy por sobre el promedio de los chilenos y recursos ilícitos que han venido desde el ámbito privado, lo que ha permitido un tutelaje sobre el ámbito legislativo. La democracia hace muchos años se encuentra secuestrada por el poder económico, y mantiene un elenco de actores en el parlamento para que representen el papel que se supone cumple el Poder Legislativo. Sin embargo, es claro que eso de que la democracia es el modelo de organización donde la titularidad del poder se le atribuye al conjunto de la ciudadanía (o soberanía del pueblo), es algo completamente ajeno en la realidad chilena.

3 Ni se escucha ni interesa la participación de la mayoría ciudadana, de hecho ni siquiera eligen democráticamente, por sistemas electorales amañados y el tutelaje económico. El maquiavelismo político se observa en la confección y tramitación de leyes, en la justicia desigual según el nivel socioeconómico, en la libertad de expresión que somete a un proceso idiotizante a amplios sectores de la sociedad cotidianamente desde la mañana a la noche, etc. Ni soberanía del pueblo ni ocho cuartos. Apenas un ente co-legislador con facultades limitadas o castrado, sometido a la primacía de las urgencias e iniciativa del gobierno de turno. Un asalto o aprovechamiento transversal, cargando responsabilidad a actores del pasado, respecto del aprovechamiento y degeneración del modelo. Hasta ahora en el espectro político a nadie parece importarle este asunto, “dejar hacer, dejar pasar” es la norma. A fin de cuentas, aunque la representación sea bastarda, da lo mismo. ¡Eligen a sus representantes sin contrapeso!, ya que la ley de partidos políticos también tiene vicio de origen y está corrupta en su asimétrico beneficio a las coaliciones dominantes. Entre tanto, los partidos políticos actúan como junta de accionistas, donde los mayoritarios deciden todo, en decisiones colegiadas con los dueños de las grandes empresas, mientras los minoritarios acatan o se van. Y los actores políticos, al igual que la profesión más antigua del mundo, están para dar el gusto al que pone las monedas en la mesa y  -de paso- conseguir prebendas, posiciones prominentes y garantías asimétricas (con mis sentidas excusas para las prostitutas por esta oprobiosa y agraviante comparación).

Desgraciadamente el rol de los medios de comunicación masiva deja mucho que desear, especialmente en la televisión, cuya efecto narcotizante  ha causado tantos estragos como indolencia colectiva.

Nuestro futuro, el mañana se construye hoy. Es la proyección del presente. Si no actuamos con realismo y responsabilidad el pronóstico será severo. El futuro de nuestro país está en riesgo, pues el neopopulismo, la charlatanería, el embuste, el oportunismo y la hipocresía se han enquistados en las prácticas políticas transversalmente, como negocio altamente rentable para unos pocos. A los ciudadanos nos están quedando las redes sociales, que si elevan un poco la mirada y la reflexión y controlan un poco los impulsos reflexivos subalternos, pueden constituir la gran reserva para recuperar la República, constituyéndose en garantes de la probidad y la transparencia, denunciando y persiguiendo a los que engañan y abusan de la gente, que hasta ahora han gozado de plena y vergonzosa impunidad.

Este proceso de cambios estructurales, en este divorcio absoluto entre la política y los ciudadanos, antes de resolver que cambiar, la ciudadanía deberá definir qué es lo que quiere conservar, para luego, desde allí con mayor funcionalidad avanzar hacia la recuperación de la República.