Published On: Lun, feb 13th, 2017

Desiguldad en Chile: el desafío pendiente

Se trata de buscar un horizonte para nuestra convivencia y procurando una condición para el desarrollo.

Por JORGE ABASOLO

 

En días pasados fui invitado al ex Congreso Nacional a un Seminario titulado “Iguales en la diversidad y el pluralismo”.

La desigualdad es hoy el principal problema que debe resolver el país, y que debe constituir la base de cualquier estrategia de desarrollo o programa de gobierno que apliquemos en los próximos años.

El problema es de vieja data, pues se arrastra desde nuestros orígenes como sociedad. Y aunque desde el retorno a la democracia se han hecho importantes esfuerzos por resolverlo desde las políticas sociales, muchos de ellos exitosos y de efecto permanente, partes significativas de su raíces permanecen casi intactas.

 Todos los estudios del ámbito social confirman que la desigualdad es el principal obstáculo que Chile enfrenta para construir un futuro desarrollado, cohesionado y propio de una democracia moderna.

Hay tres características del entorno que condicionan la desigualdad en Chile: la geográfica, la histórica y el mundo global en el cual vivimos.

En lo geográfico tenemos que aceptar que Chile está en América latina, es decir, la región más inequitativa del mundo. En lo histórico, la distribución ha sido prácticamente invariable en los últimos 50 años. Hemos tenido distintos gobiernos, diversas estrategias de desarrollo, distintas políticas…y el grado de desigualdad ha permanecido prácticamente igual.

El mundo globalizado genera presiones para el incremento de la desigualdad. Estamos en presencia de una expansión formidable de la oferta de mano de obra no calificada en el mundo, y esto presiona a las remuneraciones de los trabajadores no calificados hacia abajo.

Para tratar de ver el tipo de soluciones, debemos aplicar como marco de referencia qué es lo que han hecho los países desarrollados. Parece obvio este principio de solución, aunque es la manera más expedita de empezar a “igualar la cancha”.

Si queremos ingresar a ese club, entonces, ¿por qué no copiar su patrón de comportamiento?

La distribución de ingresos en Chile implica que el decil más rico –en promedio- gana 40 veces más que el decil más pobre. Indicadores similares en el caso norteamericano son de 17 veces y en el caso de la Unión Europea son inferiores a 10.

Para bajar la desigualdad, el foco de las políticas públicas se debe poner en aprovechar al máximo el potencial de cada persona, aumentar la calidad de la educación y aumentar la calidad de la salud

 

En la actualidad se requiere de una metodología dinámica. Hay que visualizar cuál es el ciclo de vida completo de una persona, y aplicar esto a los jubilados, por ejemplo. Las pensiones hoy en día son bajas. El 50 por ciento de los jubilados tiene pensiones menores que la mínima. ¿Por qué?  El factor central tiene que ver con la historia laboral precaria que tienen, empleos precarios y gran cantidad de lagunas de desempleo. ¿Por qué tienen empleos precarios? Por una mala educación y un mal desempeño en el colegio. Y aquí incide lo que sucede antes de los cinco años.

Veamos la película al revés. ¿Dónde están hoy los niños de 4 años?

Eso es un excelente predictor de cuál va a ser su historian futura. En consecuencia, no es casualidad que una familia se ponga nerviosa cuando su niño de 4 años va a dar el examen de admisión al kindergarten de un buen colegio privado. Esto es más importante que el puntaje de la PSU. ¿Por qué? Porque el kindergarten determina el futuro puntaje de la PSU.

 Veamos ahora cómo debiera ser el foco de las políticas para bajar la desigualdad. En este punto hay que mencionar el incremento de la calidad en tres dimensiones distintas: aprovechar al máximo el potencial de cada persona, aumentar la calidad de la educación, aumentar la calidad de la salud.

El aprovechar al máximo del potencial de cada persona implica aumentar el capital humano de los trabajadores, en lo que se conoce hoy como políticas activas orientadas a la oferta de mano de obra.

Las personas que no se capacitan o recapacitan permanentemente, dado el cambio tecnológico que existe, rápidamente pueden quedar rezagadas u obsoletas, atrapadas en empleos precarios o frecuentemente desocupadas.  Cuando existe esta variedad de programas de políticas activas orientadas a la oferta de trabajo, los trabajadores van a estar bastante más dispuestos a aceptar una flexibilización laboral. Esto es lo que se observa en la Unión Europea.

Por cierto que para acortar la brecha de desigualdad se requiere atacar el tema desde varios frentes.

¿Por qué en la Unión Europea y en Estados Unidos las familias de altos ingresos mandan a sus hijos a los colegios públicos? La respuesta es muy simple: allá no hay gran diferencia entre la calidad de la educación pública y privada. La moraleja es manifiesta: hay que igualar el nivel de calidad de la educación pública y de la educación privada. La igualación es hacia arriba. El benchmark lo pone la calidad de los colegios privados

¿Es acaso este sólo un problema de un mejor diseño de incentivos para los profesores? ¿Es sólo un problema de no poder despedir a los directores? ¿Es sólo un problema de no poder cerrar los colegios con un pésimo desempeño?

Hay que hacer todo eso…y mucho más.

Para lograr niveles similares de calidad entre colegios privados y públicos se requieren niveles similares de recursos. Y algo importante: aún si tuviéramos profesores equivalentes a los que hoy enseñan en los colegios privados para que enseñaran en los colegios públicos, habría diferencia en los resultados de aprendizaje de los niños.

¿Por qué?

Porque es demasiado importante lo que sucede con los niños de 1 a 4 años. Importa lo que sucede en la casa, importan los compañeros. Luego, hay que invertir, y esto es inversión social, en todos los niños que tienen –insisto- de uno a cuatro años