Published On: Dom, ene 29th, 2017

Parra y los masones

Por Jorge Abasolo

Me alegra que el libro de mi amigo Waldo Parra haya agotado ya cuatro ediciones. Se llama “Masones y Libertadores” (Editorial Planeta), y en poco más de 400 páginas aborda las hazañas y actos de coraje de varios patriotas latinoamericanos, que convencieron a los carcamales retardatarios que había que apurar la independencia americana.

¿Se imagina usted, amigo lector, al aventurero y arrogante José Miguel Carrera conversando de estos temas con José de San Martín en un prostíbulo?

Según Parra, San Martín quedó tan agradecido de los jóvenes Carlos María de Alvear (argentino) y José Miguel Carrera (chileno), que trabó cierta amistad con ellos, aunque San Martín era  mayor. En estricto rigor, era ya Capitán, me parece.

Buenos para la juerga, Carrera y De Alvear invitaron a San Martin a la taberna “El Fisgón de las Polainas”, donde había tragos, música, carrete y mujeres de vida ligera…casi corriendo. La idea era celebrar la victoria en la Batalla de Bailén.

San Martin –hombre tímido y solapado- aceptó por urbanidad…para no desatender la gentil invitación de los muchachos. Entre tragos, jarana y mujeres, Carrera y De Alvear le plantearon a San Martin que había llegado la hora de luchar por la independencia de América…y que él (San Martin) era el hombre indicado para dirigir esta gesta, el elemento catalizador que se precisaba.

San Martin enarcó una ceja y los mandó a la cresta, pues su deseo era trepar a la altura de héroe…pero en Europa.

Y aquí es donde entra a tallar la figura de Francisco de Miranda, algo así como el Mesías de los masones.

Como nunca me he tragado la historia oficial, digamos que este personaje tuvo una vida digna de un integrante de la maffia italiana.

Siguió la carrera militar y estando en Cuba (1780), en una misión que el mariscal de Campo Juan Manuel de Cajigal y Monserrat, se vio involucrado en algunos problemas de contrabando con Jamaica. Fue detenido y lo iban a enviar a España para ser juzgado. Pero Francisco de Miranda se escapó de Cuba no se sabe cómo, aunque en ese tiempo no habían balsas.

A su paso por Inglaterra se dio cuenta que no podía regresar a España y como debía ganarse la vida de alguna manera, se fue a Francia y durante la Revolución Francesa llegó a general. Como le sobraba patudez, luego viajó a Rusia y fue amigo y amante de Catalina la Grande.

Por eso mismo se armó la grande y la vida de Miranda empieza a ponerse tan azarosa como intrigante.

Más tarde volvió a Inglaterra, ofreciéndose al ministro Pitt para ayudar en lo que consideró de sumo interés para Gran Bretaña: la obtención de la independencia de los países de Hispanoamérica.

No podemos negar que Francisco de Miranda es un precursor de la Independencia. El acertijo es: ¿lo hizo por convicción o conveniencia? Pero cuesta olvidar que siendo español, fuera a ofrecerse al enemigo, que era Inglaterra.

En verdad, la situación no debiera extrañarnos, pues eso sucedió también con otros Padres de la Patria.

“Masones y Libertadores”, del abogado Waldo Parra es un libro ameno y pedagógico, matizado con sabrosos y desconocidos brochazos históricos arcanos.