Published On: Lun, ene 16th, 2017

David Rose: “Muchos colegios no entregan lo que los alumnos quieren aprender”

Académico de fuste internacional, ha sido premiado por el gobierno de los Estados Unidos como Champions of Change (campeón del cambio), mérito solo concedido a las personas que han hecho una contribución excepcional a los ciudadanos de ese país.

 

ENTREVISTA DE JORGE ABASOLO

En los últimos veinte años se ha desatado una andanada de estudios en lo tocante a cómo el cerebro aprende. Una de las conclusiones que demuestran esas investigaciones es cuán diferentes son cada uno de nuestros cerebros y que no todos aprenden de la misma manera.

Y se han derribado mitos. Por ejemplo, aquel que sostiene que solo empleamos el 10 por ciento de nuestro cerebro. De ser así, al remover el 90% restante no deberíamos observar cambios. Lo que sí es cierto es que la plasticidad de las conexiones nerviosas –de seguro- tiene un gran potencial que aún no sabemos, o no podemos aprovechar.

Otro mito sostiene que las neuronas no se renuevan cuando somos adultos.

Cada día es más convincente la evidencia de que existen ciertas regiones del cerebro en las que el desarrollo neuronal ocurre en la vida adulta. Este ha sido uno de los temas más polémicos en el campo de las neurociencias y, como tal, aún merece mucha dedicación para aprovechar el potencial beneficio de la posible regeneración neuronal.

La pregunta que intenta descifrar hoy la neurociencia es: ¿somos cada vez más inteligentes?

Hay un fenómeno enormemente interesante denominado el “Efecto Flynn”, que muestra que cada generación obtiene puntajes más altos en pruebas de inteligencia que su generación anterior. Muchas hipótesis  se han planteado para intentar explicar este fenómeno. La hipótesis multifactorial pareciera ser la más acertada sobre esto, en la que se postula que cambios como las mejoras en la nutrición y la mayor complejidad ambiental podrían explicar este aumento.

Es probable que David Rose no haya sido el primero en llevar la neurociencia a la sala de clases, pero –sin lugar a dudas- es quien lo ha hecho mejor.

Como se sabe, las neurociencias estudian la organización y el funcionamiento del sistema nervioso y cómo los diferentes elementos del cerebro interactúan y dan origen a la conducta de los seres humanos. En estas décadas hemos aprendido más sobre el funcionamiento del cerebro que en toda la historia de la humanidad. Es hora de sacar provecho a estos descubrimientos.

Como todo lo hacemos con y desde el cerebro, es natural que el impacto de las neurociencias se proyecte en múltiples áreas de relevancia social y en dominios tan disímiles. Por ejemplo, la neuroeducación tiene como objetivo el desarrollo de nuevos métodos de enseñanza y aprendizaje, al combinar la pedagogía y los hallazgos en la neurobiología y las ciencias cognitivas. Como lo expresa David Rose, “se trata de la suma de esfuerzos entre científicos, haciendo hincapié en la importancia de las modificaciones que se producen en el cerebro a edad temprana para el desarrollo de capacidades de aprendizaje y conducta que luego nos caracterizan como adultos”.

Al preguntarle al destacado profesor Rose acerca de aquello de que no todos aprenden de la misma manera, no trepida en dar una respuesta tajante:

-“Ahora sabemos que el aprendizaje es un presupuesto de diferentes cosas y no una sola, como la memoria. No hay una sola forma a la que podamos llamar como aprendizaje.

Por ejemplo, un niño que puede ser excepcional con una forma de aprendizaje puede no serlo con otras. Esto no significa que tenga una discapacidad para aprender, sino que tiene necesidades diferentes”.

DE VISITA EN CHILE

El profesor David Rose es figura planetaria en lo que a revolución del aprendizaje se refiere.

Merced a una gentileza de José Miguel Ossa (alumno suyo en Harvard) pudimos acceder a una grata conversación con este director y fundador del Centro de Aplicación de Tecnologías Especiales (CAST), organización que se fundó en 1984 para ampliar las oportunidades de estudiantes con discapacidades.

En su estadía en Chile, el profesor Rose también dictó una Conferencia denominada “Cambio de Paradigma hacia una  educación más inclusiva y cooperativa: uso de las TIC y el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA)”, en dependencias de la Universidad del Desarrollo.

En su calidad de académico de la Escuela de Educación de la Universidad de Harvard, el profesor David Rose lleva más de treinta años abocado a investigar cómo sacar provecho de la tecnología desde la sala de clases. Para hacerlo –asegura- no es necesario ser un erudito digital, sino estar consciente de la necesidad de instruirse, especialmente en el contexto de una reforma educativa.

Huelga decir que la invención del Internet generó una de las grandes revoluciones de la historia de la civilización, ya que modificó de raíz las prácticas de sociabilidad, comunicación y acceso a la información. La sociedad digital se extiende de manera vertiginosa y transforma aspectos fundamentales del ser humano.

¿Cómo sacar provecho de esta tecnología y llevarla a la sala de clases? Es el desafío que se ha impuesto el profesor Rose.

Se sabe que existen diferentes tipos de memoria que involucran distintas áreas cerebrales, siendo el lóbulo frontal el principal motor de búsqueda de nuestro cerebro. Asimismo, esta área del cerebro se asocia con la memoria de trabajo, es decir, con esta capacidad de mantener la información en la mente disponible para su manipulación.

Algo cansado luego de una extensa charla, el profesor Rose se dio tiempo para recibirnos del modo cálido que le caracteriza. Habla suave, con tenues inflexiones de voz y tomándose el tiempo necesario para explayarse en cada una de sus respuestas, siempre certeras y lejos del circunloquio de que se ufanan algunos intelectuales.

 

-Ha dicho usted que “no todos aprenden de la misma manera”.

Esto da al traste con la educación que se imparte hasta el momento. ¿Podría explayarse en la idea?

-Pienso que hay tres formas en que los alumnos aprenden de manera diferente.

La forma en que reciben la información –aunque de manera óptima- es diversa. La forma en que ellos se expresan y crean nuevas cosas, también es diferente. Y la forma en que ellos se motivan también llega de modo muy distinto a cada educando.

En estos tres aspectos los alumnos –y todas las personas- son muy distintas en la forma de aprender. Los estímulos llegan de manera muy diversa.

Para enseñar, nosotros utilizamos libros. Y claro, hay algunos alumnos que van a aprender con ese recurso, y hay otros alumnos que no van a aprender con los libros, porque no es el método general para asimilar los conocimientos.

Cuando les tomamos las evaluaciones  y los sometemos a diversos tests –en la forma estandarizada en que lo hacemos hasta hoy-   a algunos alumnos les va a ir bien; y a otros  no tanto. Y esto, no necesariamente porque sepan más o menos. Insisto, es la forma muy diversa en que se recepcionan los estímulos.

Lo que ocurre es que cuando tratamos de motivar a los niños, ciertas estrategias resultan ser eficaces, pero hay otras que no. Incluso pueden llegar a intimidarlos.

 

El académico David Rose en plena entrevista: “El profesor debe demostrarle al alumno, que él es un aprendiz activo, que constantemente está aprendiendo”

-¿Cómo romper el viejo paradigma de una enseñanza memorística?

-Esta es una de las ventajas de la tecnología que debemos aprovechar. Antes, todo tenía que estar en tu cabeza.

En cambio ahora –con la nueva tecnología- cuando tú no sabes algo, por ejemplo, puede meterte a google y obtener la respuesta. Entonces, lo importante hoy por hoy no es tener el conocimiento, sino saber discernir entre primero –saber encontrarlo- y segundo, saber si es apropiado o no.

¿Están los profesores preparados para esta nueva forma de enseñanza?  ¿No habrá que primero prepararlos a ellos?

-He percibido a algunos profesores bien preparados para este desafío; y claro…hay  otros que necesitan mucha mayor preparación.

Lo que hace el  Diseño Universal para el Aprendizaje, conocido como DUA, es expandir los límites en términos de lo que los profesores pueden ir adoptando. En consecuencia, de lo que se trata es de inculcarles a esos profesores “tú actualmente lo estás haciendo muy bien, pero aquí hay otras formas y otras áreas en las que tú puedes seguir diversificando y adaptando tu enseñanza”.

-¿A eso alude cuando señala que hay que terminar con la idea preconcebida del “profesor sabelotodo”.

-Claro, hay que terminar con esa idea. Al contrario, el profesor debe mostrarle a los alumnos que él es un aprendiz activo, que está continuamente aprendiendo. Es decir, debe dejar en claro a sus alumnos que él no lo sabe todo. Y es que en la medida en que el profesor demuestre a sus alumnos que él es un aprendiz activo, los alumnos lo van a imitar, y se podrán percatar que el conocimiento es tan vasto que no hay tiempo para que alguien lo sepa todo.

-Usted ha descubierto que no existirían los niños que no quieren aprender. ¿Cómo llegó a esa conclusión?

-Primero, porque he trabajado con alumnos que están albergados en instituciones donde frecuentemente se les ha etiquetado como retardados.

Ni siquiera hablo de colegios, sino de instituciones para alumnos con  problemas de aprendizaje.

Si en algún lugar debieran existir esos alumnos que no aprenden, es justamente en esos lugares. Sin embargo, esos mismos alumnos –y lo he comprobado- están ávidos de aprender. No necesariamente ansiosos de aprender matemáticas o ciencias, pero siempre están aprendiendo algo.

Desde el punto de vista de la neurociencia, se demuestra que el cerebro la persona está aprendiendo continuamente. Incluso, aunque no quieras aprender, lo estás haciendo. Eso es inevitable. Luego, el problema con los colegios es que no necesariamente entregan lo que los alumnos quieren aprender.

Pero los alumnos, insisto, siempre están aprendiendo.

-Luego, el tema pasa por como canalizar ello…

-Exactamente. El desafío consiste en tratar de motivarlos o enfocarlos a que aprendan aquellas cosas que son más valiosas para nuestra cultura.

-Las investigaciones acerca del cerebro no cesan. ¿Qué más de lo investigado puede llevarse a la sala de clases?

-La verdad es que no estamos haciendo ninguna investigación nueva, por el momento. Estamos trabajando en cómo incluir lo que ahora sabemos en los currículos académicos, para lograr que los niños realmente tengan las mejores opciones para aprender.

-¿De qué manera?

-Nuestra tarea consiste en analizar a aquellos niños a quienes se les etiqueta fácilmente como con problemas de aprendizaje. Investigamos rigurosamente en torno a sus dificultades o discapacidades y luego empleamos las más modernas tecnologías para sacar el máximo de esas habilidades.

EN TRAMA

La inteligencia colectiva

Muchas veces se generan discusiones alrededor de la pregunta de si la suma de grandes inteligencias individuales lleva necesariamente a un resultado colectivo satisfactorio. En esferas tan distantes como la práctica deportiva, la labor artística o el desarrollo comercial, surge la pregunta: ¿cómo puede ser que este equipo de estrellas no haya rendido tan bien como se esperaba?  ¿Y cómo este, más austero, logró, por el contrario, encandilar con su desempeño?

¿Acaso no sucede algo similar si comparamos un curso de estudiantes con otro?

Aunque desde siempre se ha intentado medir la inteligencia humana, pocas áreas de la ciencia humana han sido más controversiales.  Sabemos que las definiciones de inteligencia propuestas son diversas y van desde la flexibilidad conductual o cognitiva para generar situaciones novedosas y la capacidad de resolver problemas hasta la de una eficaz adaptación con el medio.

Tal como lo dice el profesor David Rose, las pruebas o test que se han propuesto a lo largo de la historia para medir el constructo llamado “inteligencia” son imperfectas. La mayoría de ellas han puesto el énfasis en las destrezas de razonamiento lógico y abstracto, dejando afuera factores fundamentales como el bagaje cultural, las habilidades sociales y la experiencia adquirida.

Con el argumento de que estos tests predicen el éxito en diversos contextos (especialmente en culturas occidentales), los resultados se usaron y usan para admisiones a centros de estudios o empresas. Por lo tanto no es sorprendente que estos tests hayan sido cuestionados y se hayan convertido en foco de un intenso debate con implicancias políticas y sociales. Aunque una prueba evalúe la capacidad de resolver un problema matemático o la comprensión de una lectura, no podemos considerarlos tests que abarquen toda la inteligencia.